Faulkner

Enero 14th, 2008

Jean Stein Vandel Heuvel: ¿Existe alguna fórmula para ser un buen novelista?

William Faulkner: Un noventa y nueve por ciento de talento… un noventa y nueve por ciento de disciplina… y un noventa y nueve por ciento de trabajo. Nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Nunca es tan bueno como puede serlo. Sueña siempre y apunta más alto de lo que sabes que puedes hacer. No te limites a ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores. Intenta ser mejor que tú mismo. El artista es una criatura movida por demonios. No sabe por qué lo eligen y suele estar demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que roba, toma prestado o pide de todos y de cualquiera para hacer su trabajo.
J.S.V.H: ¿Quiere decir que un escritor tendría que ser completamente despiadado?

W. F: La única responsabilidad del escritor es con su arte. Si es bueno será completamente despiadado. Tiene un sueño. Le angustia tanto que debe liberarse de él. Y no logrará la paz hasta entonces. Hay que desecharlo todo: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, para conseguir escribir el libro. Si un escritor tiene que robar a su madre, no dudará en hacerlo; la “Oda a una urna griega” bien vale unas cuantas viejecitas.

J.S.V.H: ¿Necesita el escritor libertad económica?

W. F: No. El escritor no necesita libertad económica. Sólo necesita lápiz y un poco de papel. Nunca he visto ningún escritor bueno que proceda de haber aceptado dinero regalado. Un buen escritor nunca presenta una solicitud a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es de primera, se engaña diciendo que no tiene tiempo o libertad económica. El buen arte puede proceder de rateros, contrabandistas o ladrones de caballos. La gente realmente tienen miedo de descubrir cuantas penurias y pobreza puede soportar. La única cosa que puede alterar a un buen escritor es la muerte. Los escritores buenos no tienen tiempo para preocuparse por el éxito o por enriquecerse. El éxito es femenino y es como una mujer: si te encojes ante ella, te anulará. Así que hay que tratarla enseñándole la palma de la mano. Entonces puede que sea ella la que se arrastre.

Extracto de entrevista a William Faulkner, 1956, extraída del libro The París Review, entrevistas. Ed. El Aleph Editores.

Ortigas

Septiembre 29th, 2007

Búscame entre ortigas
protegido por la madre de todos,
búscame entre ortigas,
lleno de sarpullidos y sangre en mis poros.

Búscame entre las ortigas que enraízan en mis dientes,
busca el bermellón de mis mentiras,
miente.

No comprendo vuestras mentiras,
no comprendo vuestras verdades,
comprendo, eso sí,
que un día moriran,
no quedará nadie.

En cada mentira,
una persona perdida.

Protégete de tus demonios,
que se nutren de certezas,
tú los creaste,
súfrelos,
regresa.

Por la obertura libre de tu risa,
escapa de este oscuro encierro,
disfruta de champán y el chocolate…
¡JajaJaJá!

A los páramos alados de la imaginación,
a las inocentes veladas de juegos,
a los curiosos gestos ante saltamontes,
eres bienvenido.

Pasea sin miedos entre los tesoros,
que habitan bajo tu somier,
sueña con otros países repletos de ketchup
visitemos de puntillas el árbol de Noël.

Y mientras piensas para comprender
recuerda,
este momento no lo volverás a tener.

Gracias.

Septiembre 9th, 2007

Hola a quien lo lea.

Agradecer
Agradecimientos, viñedo de sentimientos.
En un restaurante donde los cubiertos de plata son el segundo hilo musical del local un caballero se levanta de su mesa. Comparten mesa con él una pareja joven, dos niños y una mujer mayor. El camarero sonriente le da un micrófono al hombre que se ha levantado y con un leve gesto le indica que puede comenzar.
El hombre sujeta el micrófono con ambas manos y comienza a hablar.
- Buenas noches. Me gustaría pedirles un momento de su atención.

El resto de comensales, dejando de lado una conversación, un trozo de filete o un sorbo de vino, le miran con curiosidad.

- Hoy, hemos venido aquí a celebrar un acontecimiento familiar. Algunos de ustedes compartirán con nosotros el cenar aquí para celebrar algo, otros vendrán simplemente a comer bien, otros a una cita… sea como fuere me gustaría pedirles un favor.

- Las personas que comparten mesa conmigo han tenido un papel crucial en mi vida, gracias a ellos he podido llegar a buen puerto y por eso hoy celebramos con alegría esta cena. Les pediría compartieran conmigo mi agradecimiento y les dieran un gran aplauso.

Y el hombre, mirando a los ojos a cada una de las personas que compartían mesa con él comienza a aplaudir. El resto de personas le siguen y al poco hasta los camareros aplauden agradecidos a los comensales de la mesa, que emocionados, sonreían al hombre que sujetaba el micro y les miraba agradecidos.

Los aplausos van cesando hasta que la atención vuelve al hombre que de pie, mantiene el micro en su mano, cerca de decir de nuevo alguna cosa.

- Muchísimas gracias por embellecer este momento, gracias, espero disfruten de su velada.

El hombre devuelve el micro al camarero y desliza su mano en el bolsillo interno de su americana, empuña un objeto y con una sonrisa se dispara en la sien.

Un saludo.