Archivo de Agosto de 2005

Ensayos de “El Perfume”, Sábado 27 y Domingo 28 de Agosto del 2005

Martes, 30 de Agosto de 2005

Hola a quien lo lea.

Con mallas y a lo loco

Existen incontables experiencias que nos hacen evolucionar como personas, desde pasar un mes en algún país subdesarrollado ayudando en la educación de sus niños (te admiro Naui) hasta tomar un café con las amistades para relativizar puntos de vista. El cambio que se produce en nosotros fruto de la reflexión posterior al evento o a veces como un flash en el justo momento de la experiencia, una especie de revelación personal, es lo que nos hace crecer como personas.

En mi caso la evolución ha llegado de la manera más hormonalmente utópica existente, participar en una orgía. La adaptación cinematográfica del libro “El Perfume” requiere una escena final en la que 6.000 personas de un pueblo se lanzan a la adoración expresada con amor incondicional, tanto amor tanto amor que se acaba en cueros retozando pasionalmente.
Para realizar esta escena solamente son 750 personas que mediante una serie de gráciles “clicks” en ciertos ordenadores se convertirán en 6.000 personas en la película.
Antes del rodaje, como toda buena producción se realizan los ensayos, en ellos he aprendido más sobre la relación entre personas y sobre mi mismo, que al fin y al cabo es lo más importante.

Yo llegaba a los ensayos de la orgía con la tranquilidad de quien ha participado en la sesión de fotos Spenser Tunick y se ha empapado de la novela “Darkover. La torre prohibida” de Marion Zimmer Bradley, me sentía preparado para afrontar mis cachas al descubierto entre gente desconocida.

Seguro que tienes alguna idea, querido/a lector/a, de lo violento que es mirar a una persona a los ojos, normalmente no nos damos cuenta en una conversación pero hay ocasiones en los que consideramos a dónde estamos mirando a una persona mientras hablamos con ella y nos encontramos con su nariz, su entrecejo, o su boca…o una espinilla intrépida que destaca en su cutis. Si miramos a los ojos nos sentimos más incómodos que jugando al parchís en una noche de bodas.

Pues bien en los ensayos llegó el momento cúspide cuando nos comunicaron que nos pusiéramos en grupos de cuatro y nos tomáramos de las manos, cerráramos los ojos y escucháramos la música. La música es un eficiente narcótico que embalsama y lubrica sentimientos, los potencia y te los transmite suavemente. Poco a poco había que coordinar la respiración y olernos unos a otros, reconocernos por el olor (para mi sorpresa, conseguí identificar a mis tres compañeros). Con el tiempo que necesitáramos debíamos pasar a besarnos suavemente, poco a poco, el paso siguiente y para el que yo no estaba para nada preparado era el de abrir los ojos. Con esta acción la mentira consentida se desvanece, la ilusión de acariciar y ser acariciado por la oscuridad y la música se convierten en los ojos, caras y cuerpos de desconocidos en los que reconoces tu mismo estado asustado.

Hay que mirar nada más que a los ojos mientras acaricias a mujeres, hombres, chicas, chicos, abuelos y abuelas. La sensación de espanto avergonzado al juntarse todos los elementos de tabú sociales es indescriptible, estuve a un suspiro de marcharme. El último paso era desvestir a la gente, no puedes desvestirte sino que te han de desvestir, yo no tuve el valor de desvestir a nadie y casi tampoco el de dejar que me desvistieran. En los siguientes ensayos, se relajan todos estos nuevos sentimientos, la piel de gallina se alisa y el corazón deja de latir cual tambor de guerra pidiendo auxilio.

Los ojos, querido/a lector/a, tienen un poder de comunicación que no sospechas, en todo momento tenemos que mirar a los ojos, pidiendo permiso para interactuar con los compañeros de escena, en todo momento te ves rechazado, aceptado y esquivado diplomáticamente. No hay margen a la mentira con tus ojos, sí hay margen a la interpretación, pero esta se reconoce inmediatamente frente a la verdad. Es curioso las veces que he preguntado el nombre al acabar la escena a quien hacía unos segundos estaba acariciando la espalda, besando el cuello o mirando a sus bellos ojos. Es curioso…

La evolución en este caso no me ha llegado como flash en el momento de la experiencia, poco a poco entre descanso y descanso uno piensa en lo vivido y en sus reacciones, antes de dormir cierro los ojos y me sorprendo recordando no tener ninguna erección en las escenas porque no había nada de morbo en las relaciones que he mantenido con los compañeros, sino dulzura y cariño. También sonrío al recordar las incontables bromas hechas y recibidas, la carcajada de no poder abrir ese botón de la chaqueta o ese corpiño rebelde, cuantas cosas aprendidas. No hay cuerpos bonitos ni feos, no hay edades ni sexos, solo personas, solo miradas, solo bellos ojos. La sorpresa al ver a parejas que sin ningún tipo de celo comparten su amor y acaban la escena en un orgasmo simbólico de agradecimiento tras buscarse entre cuerpos sudorosos. La sonrisa se me dibuja sin pedir permiso al recordar lo vivido y lo aprendido, estoy lleno de agradecimiento por tantas cosas.

Aquí en el bolsillo traigo con impaciencia mi grano de arena, consiste en las fotos que con el móvil hice de los compañeros y compañeras de reparto, un saludo a todos. Siento que la calidad sea baja pero…no se le puede pedir más a mi móvil.

Hay dos maneras de bajarse las fotos:

Primera:
Bajándose este archivo y descomprimiéndolo después (es un .zip) –> Archivo fotos ensayos de El Perfume días 27 y 28 de Agosto del 2005

Segunda:
Apretando al botón derecho del ratón encima de cada una de las siguientes fotos y seleccionando “Guardar imagen como”. Mejor la primera opción pues esas fotos son con el tamaño original, las siguientes están reducidas para que quepan en esta web.

Cola para el desayuno:

Cola para el desayuno

Las contínuas esperas:

Las contínuas esperas

Capitana pirata y su doncello:

Capitana pirata y su doncello

Otra de tantas esperas:

Otra de tantas esperas

Sin miedo al calor:

Sin miedo al calor

Tres inocentes jovenzuelos:

Tres inocentes jovenzuelos

Tres inocentes jovenzuelos libidinosos:

Tres inocentes jovenzuelos libidinosos

En el siglo XVIII también se leía:

En el siglo XVIII también se leía

Trabajadores recuperando horas de sueño:

Trabajadores recuperando horas de sueño

El descanso del campesino:

El descanso del campesino

Calentando motores:

Calentando motores

Con los motores calientes:

Con los motores calientes

En familia:

En familia

En familia numerosa:

En familia numerosa

El grupo madrugador:

El grupo madrugador

El autobús que viaja en el tiempo:

El autobús que viaja en el tiempo

Escena de los 150:

Escena de los 150

La siesta de la masa:

La siesta de la masa

Un saludo.

Porque vosotros también lo valeis.

Martes, 23 de Agosto de 2005

Hola a quien lo lea.

Porque tu dinero también lo vale

El metro con toda probabilidad se diseñó para descongestionar el tráfico ya de por si congestionado de las grandes ciudades mediante la conversión momentánea de los humanos en hormigas viajeras a bordo de lombrices de acero. Pero al igual que un arquitecto asume que sus diseños tendrán utilidades que ni siquiera ha imaginado (que le comenten esto al arquitecto del MACBA que la entrada a este museo ha sido reciclada como zona de entrenamiento para skaters) el metro tiene diferentes “extras” añadidos. Uno de ellos es el de escenario (con un público irrespetuoso a más no poder) para los músicos y sus sombreros recolectores de calderilla, otro de los muchos que hay y que es el que me interesa para seguir el hilo de mi reflexión es el de potaje humano. En el metro uno puede compartir sobacos con un perfecto desconocido en la más absoluta armonía y tolerancia, con más o menos molestia pero comprendiendo que la falta de espacio vital en esas circunstancias conlleva una proximidad humana implícita.

Viajar en metro sin un libro/revista/tebeo para un hombre es una actividad aburrida si no fuera porque el género femenino está ahí para sencillamente con su presencia iluminadora, hacernos embobar. La proximidad que facilita el metro es uno de sus “extras” añadidos, llega el momento de conexión visual en el que ella mira a tu cara y te ve con una expresión mezcla de psicópata endulzado por la desesperación y vicioso escáner.

Ese momento para el género masculino es el de más esperanza y fe que existe, en esas pocas décimas esperamos algún tipo de señal por parte de la compañera de mirada con el que nos sintamos aceptados o mejor todavía, aprobados. Pero gracias a una marca de cosméticos llamada L’ORÉAL ese pensamiento ha cambiado en más de un hombre. Con sus anuncios de potingues “Men express” explican al hombre de a pie que estos intercambios de miradas provocan que las mujeres vean nuestras “arrugas de expresión”.
¡Reacciona! Compra nuestros productos y haznos más ricos, ahora que tras décadas de absorción mental hemos conseguido que las mujeres pasen tres cuartas partes de su vida intentando burlar al tiempo queremos que tú, querido hombre, también te preocupes por tu aspecto. ¿Por qué? Porque tú también lo vales, tu potencial dinero también vale la pena que gastemos unos cuantos milloncejos en Márqueting, centrándonos en tu deseo más primitivo: El deseo de una mujer con solo mirarla.

Ya sabes querido lector, quizás tú seas inmune a estas campañas publicitarias pero fíjate en las siguientes generaciones y observa con pavor como se vive cada vez más persiguiendo imbécilmente un aspecto idealizado que ni siquiera el modelo del anuncio puede alcanzar. Es rechazado por la chica al tener “arrugas de expresión”, que mágicamente desaparecen con la aplicación de los potingues de “Men express”.

Espero que los neuróticos del “derecho del consumidor” pongas cartas en el asunto, si el anuncio de “Bocata” de la vida en el campo era censurable bajo su estúpido punto de vista ¿Este no vulnera nuestros derechos como personas creando miedos y complejos?

Me voy a poner crema en la cara que tengo que atraer hasta a la maquinista del metro de la línea 2, que me han dicho que son las más difíciles de camelar, ya te contaré querido lector.

Un saludo.

Dicen…

Lunes, 22 de Agosto de 2005

Hola a quien lo lea.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
que no quería volar,
como Ícaro vidente
o kamikaze racional.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
que escondía sus bellas plumas del viento
para que sus alas no crecieran
ser ajena voluntaria al paso del tiempo.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
que temía a la verdad,
verdad paciente y sincera
que espera en la mistral.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
¿Por qué he de saltar?
No quiero salir del nido
ni ser águila imperial.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
que la dejaron de alimentar
así saldrá del nido
pensaron su papá y mamá.

Dicen…
que es ya media mentira,
dicen…
que en ese nido aún está
su cadáver como testigo
de lo que tú nunca entenderás.

Un saludo.