Hola a quien lo lea.

Los “siempre” que llevamos con nosotros, colgaditos del cuello en forma de medallón, se caen cuando menos te lo esperas. Ya sabemos que son inútiles, cada uno de ellos en su escala de tiempo acabarán por no ser ciertos o prácticos y tendremos que buscarnos, alegremente, otras convicciones temporalmente compatibles con la realidad. Pero mientras duren…los utilizamos, nos hacen el pensar mucho más mecánico y sencillo.
El Lunes 23 fue para mi un continuo perecer de convicciones, caían una detrás de otra alrededor mío (con la derivada peste cadavérica) y solamente por el instinto de ridículo no me enquisté en posición fetal en el suelo para dejar pasar un par de horas de mi tiempo y ver si reposaba el aceite.
La presentación de Whisky frío en la sala Llantiol me ha enseñado varias cosas.
Mis certezas fallecidas, nacidas del acto sexual apasionado entre la inocencia y la inexperiencia, se basaban en estos postulados:
1- Hacer un corto es, entre otras cosas, asumir una pérdida de dinero.
2- El mejor crítico de una obra es su autor.
3- El segundo mejor crítico de una obra es el público.
4- Un making off es para divertir y conocer mejor a las personas que han hecho el corto.
La muerte de 1: Asumiendo que de la entrada a Llantiol (4€) derivaría cierto beneficio para el cortometrajista por otra parte en el preestreno se repartieron chapas y póster por el módico precio de 1€ de los que, en acto solidario, compré un póster. Seguramente el director recuperará y con la posterior emisión del cortometraje en otras salas, superará el gasto inicial.
La muerte de 2: Teniendo en mente el respeto que merece toda obra de alguien que (viendo lo visto) comienza en esto de los cortos mi crítica prometía ser mucho más ligera, dejando un gran margen a la superación futura como artista del director. Pero la conjunción de un corto terriblemente malo y un making off dedicado exclusivamente a convencernos de lo bueno que era el corto me dejó perplejo. Parece que el director cree que este cortometraje es bueno o como mínimo aceptable…y no es ninguna de las dos cosas.
Cuando uno ve sus propias obras, creía yo hasta este Lunes, se pone el traje de inquisidor, con la espada lista para saltar ante el mínimo fallo y condenar la obra a un mar de llamas en la plaza del pueblo. No concibo un artista que no sea el más severo de los críticos ante su obra, el que más sabe de la obra es su autor y es el que tiene más medios para perfilar los puntos flacos y suavizar los fuertes, o viceversa.
La muerte de 3: Una vez finalizada la proyección me situé en otro plano astral al escuchar felicitaciones continuas al director, a los actores y a los de la banda sonora (que son los que se libran en cierta manera, la canción de los créditos era muy pegadiza. Además de los de vestuario, que también hicieron un buen trabajo)
Por un momento pensé en pedir una nueva reposición para comprobar si ellos y yo habíamos visto el mismo cortometraje, no fuera alguna broma de cámara oculta o que hubiera algo en su bebida ¡Que se yo!
Pero no, resulta que el público optó por elogiar el cortometraje en lugar de decir lo que sentía realmente, ¡¿por qué?!, exclamo a la red. Supongo que entre ellos habría a los que les gustara el corto, que era exageradamente malo, a mi humilde parecer. Pero la inmensa mayoría no podía estar tan ciega y no entiendo porqué elogian con sonrisa estupefaciente una obra mala. ¿No ven que eso es terriblemente contraproducente para el director? ¿No ven que están mintiendo? ¡¿No ven que eso provoca unos altos vuelos que en un ambiente sincero de espectadores se convertirá en un abatir al director que está en las nubes con un antiaéreo?!
Te pido desde aquí, querido/a lector/a, que hagas de inquisidor/a con cada una de mis obras, actúes con sinceridad y si por vergüenza no puedes te sirvas del anonimato de la red para dejar tu sincera opinión. ¡Sino llamaré a la mama!
La muerte de 4: El making off que seguía al cortometraje fue el que desbocó esta agria crítica. El making off estaba pensado para únicamente ensalzar el buen trabajo del director (inexistente) y convencernos de que era una obra tremenda. Entrevistas en las que el director sale con un artificial aire bohemio (no tiene desperdicio la bufanda roja) hablando de la serie de estilos que toca el corto y del potencial del guión.
¿Soy el único que piensa que un making off a de ser ante todo DI-VER-TI-DO, HU-MIL-DE Y SIN-CE-RO?
Un saludo.

